Escritura y reescritura

Escritura y reescritura

Escritura y reescritura

Ya has leído libros y has observado atentamente lo que hacen otros escritores para contar historias. Además, tienes muchas ideas que estás impaciente por poner en el papel y unas ganas tremendas de ver tu libro terminado. Es el momento de escribir.

Hay escritores que dicen que conviene tener todo muy bien atado antes de empezar a escribir la primera página. Son los que piensan que antes de ponerse a escribir una historia conviene saber qué es lo que va a pasar de principio a fin, cuáles van a ser los acontecimientos y el orden en el que vamos a contar todo. Otros, simplemente, se lanzan a escribir con una idea un poco vaga en la mente y se dejan llevar hasta ver a dónde les lleva la historia. Estos son los que improvisan, los que escriben una página sin saber qué es lo que va a suceder en la página siguiente, los que van a salto de mata. ¿Quién de los dos tiene razón? Como ya te dije, no hay fórmulas mágicas para escribir un buen libro, así que ambos métodos pueden ser válidos, e incluso los dos a la vez, combinados. Lo importante es ponerse en marcha y no tenerle miedo a la página en blanco. No sería mala idea que probaras las dos opciones y después valoraras cuál es aquella con la que te has sentido más a gusto y cuál es la que te ha dado los mejores resultados. Intenta hacer un plan de lo que quieres escribir, pero tampoco te obsesiones si llega un punto en el que hay algo que no tienes bajo control.

Es posible que al principio escribamos cosas que nos entusiasmen, y eso estará muy bien, te hará sentir que eres capaz y te permitirá disfrutar de lo que haces, pero es muy recomendable ser crítico con uno mismo. Hay escritores que dicen que empiezas a convertirte en escritor cuando le pierdes el miedo a tirar a la papelera tus propias páginas. Y no les falta la razón en lo que dicen. Aprende a ser exigente contigo mismo, conviértete en tu mejor crítico. No des por buena la primera versión de lo que escribes, intenta mejorarlo, saca lo mejor de ti mismo, exígete siempre un poquito más, no te acomodes. Dale oportunidades a tus ideas, pero no dudes en descartar algo que no te convence. Si la escritura y la autocrítica se convierten en algo natural, poco a poco tus manuscritos irán mejorando y podrás acercarte al libro que quieres escribir. Es cuestión de constancia y trabajo.

 No hay que desanimarse. La constancia es una de las armas claves de un buen escritor. Habrá momentos en los que tendremos muchas ideas en la cabeza y entonces es recomendable dejar que las ideas fluyan para escribir de un tirón, sin pensar demasiado, siguiendo el impulso de contar algo utilizando solo la intuición. En esos momentos puede ser conveniente que no nos preocupemos por la forma del texto y escribamos sin pulir las frases y cada una de las palabras. Es el momento de dejarse llevar. Pero siempre, después de haber escrito de una manera más o menos impulsiva nuestras ideas en un primer borrador, será recomendable releer lo escrito y analizarlo fríamente, intentando ver el texto de una manera más lógica, preguntándonos si se entiende bien o no, si tiene el ritmo adecuado, si hemos repetido ideas o palabras de un modo innecesario, si las frases tienen sentido completo y están bien redactadas, si hemos olvidado contar algo que es imprescindible para que el lector entienda lo que contamos.

Es entonces cuando comienza el camino de la reescritura, que es uno de los momentos clave del proceso de creación de nuestro libro.  Nos convertiremos entonces en artesanos. Puliremos cada una de las frases hasta encontrar el ritmo que buscamos. Es recomendable, una vez hayamos acabado esa fase de reescritura, dejar reposar nuestro manuscrito durante algún tiempo y tomar distancia. De esa manera, cuando volvamos a leerlo, podremos hacerlo de una manera fresca y posiblemente nos será más fácil ponernos en la piel de un lector que se asoma por primera vez a lo que hemos escrito.

No será mala idea tampoco, compartir tu trabajo con otras personas e intercambiar puntos de vista. La opinión de los demás puede resultar enormemente útil, porque un libro es cosa de dos y tan importante es el escritor que crea las historias y les da forma, como el lector que está al otro lado de la página. Conviene escuchar atentamente las críticas y sopesarlas en su justa medida.

Escribimos y reescribimos, sí, pero es muy probable que te preguntes cuándo sabemos que un manuscrito está terminado, cuándo dejamos de escribir y lo damos por concluido. En la medida en la que hayamos sido exigentes con nuestro trabajo seremos capaces de acercarnos más a nuestro objetivo. Es aquí donde entran en juego factores más allá del análisis objetivo que son difíciles de cuantificar, pero que son imprescindibles a la hora de tomar decisiones como escritor: la intuición y la confianza en uno mismo. El manuscrito que demos por bueno después de las fases de escritura, reescritura y revisión será una medida del punto que hemos sido capaces de alcanzar como escritores. Pero no es el final.

Antonio Ferrer

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